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ESCRITORES DE PIURA

ESCRITORES DE PIURA

INTRODUCCIÓN

ESCRITORES INVITADOS

OPINAN

ENLACES WEB

 

HAROLD  STIPF ALVA VIALE

Nació en Piura (Perú), en abril de 1978. Estudió Derecho y Ciencias Políticas.

Ha publicado los libros de poesía: Firmamento (Editorial Sevillano, Trujillo, 1996), Morada y sombras (Camión Editores, Trujillo, 1998), Antes de abandonar la sombra (Skala Editores, Lima, 1999) Cañaveral: Libro de Tierra (Skala Editores, Lima, 2001), Sotto voce (Fondo Editorial de la Universidad Garcilaso de la Vega, Lima, 2003), El sonido de la sangre (Ediciones Altazor, 2006), una antología de poesía amorosa peruana (Fondo Editorial Cultura Peruana, Lima, 2003), una muestra de narrativa peruana (Ediciones Altazor, Lima, 2005) y Los diez, antología de la nueva poesía peruana (Ediciones el santo oficio, Lima, 2005).

Fue miembro fundador del Grupo Literario Triángulo 4, de Trujillo (1996-1998)Fue miembro del Movimiento Cultural Neón de Lima (1999-2003). Dirigió la revista de creación literaria Triángulo 4 (2001-2002), y la revista de creación crítica El signo y la forma (2002-2003). El año 2003, fue uno de los responsables del lanzamiento editorial PERÚ LEE, como representante general del Fondo Editorial Cultura Peruana. Actualmente dirige Editorial Zignos, que publica las colecciones BIBLIOTECA DE AMÉRICA y EL MALHECHOR EXHAUSTO y es codirector de la revista LA CAJA NOCTURNA.

 

 

Aquí algunos poemas de mi último libro: EL SONIDO DE LA SANGRE:

 

LIMA 

I 

Intento adivinar la noche
El rumor de tu voz
La soledad de tus avisos
Intento sumergirme
Con la angustia de los peatones
Resolver de golpe
Los acertijos de todas tus esquinas
Sospecho que es posible
Sospecho que sí puedo
Que contigo está mi sombra
El lenguaje de estos dedos
Que se escribe sin motivo. 

II 

Lima debe ser la percusión de la lluvia
Ese ritmo raro
El propio vapor
Impregnado en las ventanas
Su olor de alcantarilla
Clavándose como sonda en tus narices
En tu mirada de náufrago
Absorto entre sus calles
Inmóvil
Ante la vulva gigante de sus calles. 

 

CRÓNICA DE UN PEATÓN COMÚN Y CORRIENTE  

Encendió la noche
La ruta de los transeúntes que apagados entre el tráfico
Se agitan como un reflejo multiplicado en el olfato
La furia de una flecha detenida en su lengua
Nadie
Sólo la sombra de sus pesadillas
Sólo la tristeza de todo lo que nombra
Como un alto relieve del espanto
En la puerta de sus palmas
La certidumbre de la muerte
Su esqueleto
Acercándose como el disparo de Dios
Acercándose como un escupitajo
Sobre los muros de su propia calavera
La soledad de las vitrinas
El rencor de la historia
En la nefasta pasarela de sus pasos
Tu calle en sus pupilas
Tu miedo
Nadie
Sólo esta ciudad
Sólo los cables conectados como venas
En las fauces de anónimos suicidas
Su aliento en las ventanas
Sus párpados consumidos por esta superficie
De seres que no asimilan
La espada en la garganta
El colmillo en la garganta
La bala en la garganta. 

 

MI PADRE VIAJA EN MIS PALABRAS 

Papá, te debía este poema

La montaña respira
En las manos de mi padre
Su vegetación de fresco
Su olor silvestre
Que se posa como una cigarra
En la edad de mis palabras
Su trote frenético
Ese rumor de ala
Mi padre sabe que viaja conmigo
Que contempla conmigo
La explosión de la mañana. 

 

ADÓNDE LAS ALAS DE AQUELLOS PÁJAROS 

I 

Qué es esto que nombro cuando callo
Esta sensación de río
Impresionado ante los peces
Quizá es la culpa de la historia
Seccionada en mi estructura
En el cuerpo que visto
En esta sombra siniestra
Cuya forma no soy Yo
Sino las vértebras del miedo
Los animales de la noche
Al acecho de mis pasos
Los animales de la noche
insertos en mis pasos. 

II 

Qué son aquellos círculos
Aquellos anillos donde mi corazón se estremece
Como si este fuese el último día
La última hora de los pálpitos
El último temblor que agita estas columnas
Este esqueleto de muerte
Las mismas casas
Los mismos metales atravesados en los techos
Sembrados en los techos
Incendiados por el espanto y la fatiga de los techos. 

III 

La madrugada tiembla cuando mis dedos arden
Apuntan a constelaciones inéditas
Que perciben mi fuerza
A través de estas acciones
A través de ese ángulo
De esta palabra que se agita
Cuando me reconoce en su tristeza
Yo debo ser la tristeza
Las alas de aquellos pájaros que nunca se someten. 

 

ESCRITURA SIMPLE 

Necesito escribir en una palabra
La intensidad de este acto
La intensidad de las rocas diseminadas en los parques
Y sobre ella
La única ilusión que las tribus desconocen
Hay tanto vacío en todo esto
Tanta escoria iluminada en cada trazo
Esta corbata: Mi traje
Esa actitud que nos levanta como un puñal de fuego
Como una víbora que muerde
El secreto de una tarde poblada por brujas y fantasmas
Siempre por brujas y fantasmas
Necesito escribir mi furia
Su impotencia
Esta muerte sublevada en el silencio
La luz al final de la carretera
Que encandila y conmueve
Los restos de una sombra que escapa
Que trepa los postes
Y destruye los muros de las casas
Esta imprecación que estalla en los credos
Y me aniquila
Como se aniquila a un roedor
Que ha caído en la trampa
Aquí la noche ha incendiado su último velo
Ha retornado a mi alcoba con el rostro descarnado
Y yo he besado con lujuria sus llagas
Los muslos sangrientos
He mordido sus intestinos
Las costillas
El omóplato tan filoso y perverso
Los días tienen la virtud de estar dormidos
De gritar para nadie
La soledad de las estatuas. 

 

PREGUNTO A LOS PÁJAROS POR MI PAÍS 

Pregunto a los pájaros por mi país
Y sólo encuentro una pirueta macabra
Un trino que se pierde entre los neumáticos
Como el estallido insomne
De un trueno que hiere la piel de esta quijada
Y yo te busco Perú en este instante
Cuando un insulto es la mano que iza tu bandera
Y es otro insulto la lengua que te canta
Y son cobardes tus pájaros
Cobardes los gritos que pululan en tus casas
Cobardes los años simplificados en las togas
De una manifestación ruin
Que sólo inhala
El aroma de tus drenajes
Las calles como hambrientas mujerzuelas
Tus edificios de vidrios implacables
Donde ya no se reflejan tus alas
Sino el vacío
La mancha de un cielo herido por la retórica
El cómplice silencio de las turbas
Sus protestas como cáscaras
Y esta canción que todavía escucha
Los golpes de tu sangre
Mi propia sangre fragmentada por el eco
De un aplauso digno de condena
De esta atención digna de condena
Y yo te busco Perú en este acto
En este grito de furia que sacude a mi lengua
Como un látigo
Y no es sobre tu espalda la mejilla adonde estalla
Sino en la boca
Mi boca
Tu propia boca que interpreta esta sonata. 

 

LA MUERTE 

La muerte
Esa estaca de vidrio reflejada en mis pupilas
Amanece como una ostra
Como un cangrejo excluido de las aguas
Y nadie pregunta
Y nadie invoca las cuerdas del espanto
Las cuerdas de esta hora siniestra
La muerte
Ese dulce animal de sangre oscura
Esta pordiosera de asombros
Arrastra las córneas
Arrastra las venas como un penitente
Las ínsulas que intactas
Destrozan con lujuria esta historia sangrienta
La muerte
Esa fogata que arde y envenena
Estos nervios de puma
De fiera que huye
Ha vuelto a llamarme por mi nombre
Como una hembra arisca
Como una ramera arisca
Sin piel
Sin guadaña
Sin sombra. 

 

EL SONIDO DE LA SANGRE 

Esto no es real:
Mi boca escupe y huele a sangre.

I 

No hay nadie
La calle
Es sólo un jardín de estatuas
Aquí mi voz
Ya no radica en los dedos
O en las plumas
De mis alas

Sólo está la duda
Este silencio
La oscura sensación
De un reptil
Que trepa en lo que escribo. 

II 

El tiempo desconoce
Mi convicción de muerte
La angustia de estar
En la costra de otra espalda

No soy el irredento
Tampoco la piedra
Que enciende
Los labios de la hierba

En mis ojos
La noche
Ha perdido su piel
Los dientes
La certeza del vacío
Que habita lo inasible. 

III 

Aquí
Es preciso
Decapitar mi sombra

Todo lo que he hecho
Ha sido
Desorientar mis pasos
Escupir los ojos de los sauces
En una procesión de estatuas

Ahora
He fracturado mi lengua
Sus palabras
El vuelo de un cóndor
Que se agita
En sus entrañas. 

IV 

Lo que callo
Es la certeza de un temor ancestral
Es el grito de otras bocas
Que susurran en mi oído
El espanto del mal
Su parto azaroso y sangriento

No es el horror
De sabernos un instante
Tampoco los clavos de la memoria
Que manchan el crepúsculo

Lo que callo
Es la síntesis del mito
La lengua del origen
Desollada en nuestros cuerpos. 

 

EN EL PRECISO MOMENTO  

Intuyo que otra sombra
Vendrá por mi cuerpo a la hora del crimen
En el preciso momento
Cuando tus labios se abran despidiendo el horror
De mi propio cuerpo estrangulado
Allí la noche habrá desaparecido para siempre de tus ojos
De tus lejanas pupilas
El nido de barro adonde huyen las arañas
Los insectos que alimento
Con el hígado de los canarios
Allí retornarás a tu estructura
A tu silueta de gata que brinca en los tejados
A tu propio sonido
Para entonces el hogar que intento será el aire
La misma corriente a la que me aferro
Para no mutilar tu nombre
El calendario será el pico de un búho
Los cartílagos de la tarde
El nervio suspendido de un reflejo
Que sepultará las cartas
Los alacranes subrepticios de estos dedos
Y no habrá nadie
Solo aquella sombra
Tus labios abiertos
Mis ojos abiertos
Enfrentándose a esa sombra que contemplo.  

 

LAS VÉRTEBRAS DEL FUEGO 

I 

No es la calle
Tampoco la edad del puente los muros que te alejan
La culebra estática que afila los dientes de ocultos precipicios
De fauna oculta en las retinas del espanto
Es esta extraña actitud de saber que acudes a mis gritos
Que trepas rascacielos por recuperar los bosques
El laberinto incestuoso de tardes degolladas
Esa habitación donde habitan los pájaros del norte
Los pájaros de piedra
Los pájaros que destrozan con sus picos la infamia del silencio
Es esta explosión de arterias que penetran en los postes
Y estallan como olas en la túnica siniestra
De un fantasma que retorna
Doblemente desangrado en sus escritos
En ellos
El hierro ha reconocido el fundamento de su estigma
La raíz del cráneo que rota como un satélite en tus manos
Los nervios de las guitarras que azotan el sonido
Y me convocan
Como un brujo convoca
Este afán por recuperar el sarcófago del sueño
Este deseo de involucrar tu fe
De asediar tu huida como un cazador de insólitas especies
Y qué es la fuga
Cuál de todas las virtudes es el talismán al que te aferras
Aquí sólo sé de esta incertidumbre que calcina
Los puertos y sus aguas
La soledad de la esfinge reflejada con lujuria en los cristales
Sobre ellos la sombra detiene sus tentáculos
La sombra detiene el vuelo de los murciélagos
La velocidad de un tigre que ataca con su cola
Sólo sé de estatuas que contemplan el asesinato de las tribus
Y nadie se acerca a desclavar mis huellas
Y nadie oye la oración que escupo como un cuervo al universo
Como el insensato animal que busca tu perfume
Tu piel de cebra que trota en las auroras
Y me invoca.

II

Sobre tu sombra sangran los picos de las águilas
Los huesos de la calavera
Que sintoniza frenética mis sueños
Esta pesadilla que me lanza al ático de la abadía
Donde reposa incólume tu cuerpo
Tu estructura de gata
Tu aliento que ingresa como un tornado a mi celda
Como una serpiente que petrifica la tarde y sus motivos
La tarde y esta sentencia que insulta el vuelo de las gaviotas
La estela que denuncia tu condición de fiera
Tu sangre que se mezcla con mi corazón de fiera
Y lo posee como un leopardo que intuye
La destrucción imperceptible de estos ecos
De estas palabras que insisten
Como un leopardo ansioso que corre en la sabana
Que incendia el reflejo de los manantiales
Donde habitan como algas mis silencios
La onírica catedral que exculpa tus ausencias
El lenguaje de otra tribu que aúlla como un coyote
Y yo te espero asediado por este laberinto
Por esta ráfaga de culpas que destejen mi nombre de tus labios
El exquisito mar que ataca con su brisa
La sonda que sujeta mis huesos como un cocodrilo
Como la maligna bestia que reina en mis pesadillas
El mundo donde despedazo esta mandíbula de fuego
Esta mandíbula de diamante
Esta mandíbula de tigre De música que ha roto
La soledad del equinoccio
Y yo te espero con mi terror a las madrugadas
Con este miedo que insulta las ventanas de los edificios
Las puertas que se abren como mujerzuelas inéditas
Y yo te espero
Y me arrojo a tu frente
Como un Telémaco que impreca
Para recuperar su Ítaca
Y tú:
Veneno de la oscuridad Isla caníbal
Elevas tus manos a la proa de los trasatlánticos
Y emerges como un ángel que ha transfigurado sus alas
Allí tu voz retorna
Y las montañas son las mismas calaveras que subordinan
La lengua de esta ciudad
De este montículo de occisos y concreto
Tu voz depreda las estructuras sangrientas de este instante
Los músculos de gorilas que destrozan los sembríos
Las chacras donde he mudado de piel con el repertorio de otros cuervos
Y yo te espero para destruir las cercas
La sórdida estructura de las caballerizas
Donde un potro
Ha escrito tu nombre en la frontera.

 

 

 

CARÁTULA DEL LIBRO "MORADA Y SOMBRAS"

 

 

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